La Historia del Partido Conservador Colombiano

La República Liberal (III)

Una especialísima característica de la República Liberal, fue la persecución a los órganos de expresión.

La historia de EL SIGLO y los permanentes hostigamientos que hubo de sufrir durante el Gobierno Liberal, así como la persecución desatada contra el director y sus redactores, es muestra evidente del tratamiento que la República Liberal dio a la prensa conservadora y a quienes la escribían.

El Gobierno Liberal designó como censor de EL SIGLO, al señor Jaime Soto, quien hacía sus primeros pinitos como periodista y empezaba a destacarse como “gran liberal”.

El desempeño del señor Soto, en su oficio, fue de una meticulosidad digna de mejor causa. Prohibió la publicación de los precios de las acciones de la bolsa y suprimió los crucigramas y secciones semejantes, porque estimaba que por ese medio se podían impartir consignas subversivas.

El ejercicio del periodismo

Una característica de la República Liberal - que durante los diez y seis años de su hegemonía se mantuvo como una constante de acción política -, fue su implacable persecución a la prensa conservadora. No se exagera cuando se dice que durante aquel lapso el ejercicio de la actividad periodística por parte de los conservadores era una de las más inciertas ocupaciones a las que alguien pudiera dedicarse.

Y eso que el liberalismo acababa de experimentar el ejemplar trato que la administración conservadora había dado a sus dos grandes diarios, “El Espectador” y “El Tiempo”, los cuales nacieron y crecieron material y espiritualmente en plena Hegemonía Conservadora, como que el primero fue fundado en Medellín en el año 1887 y trasladado a Bogotá en 1915, y el segundo salió a la luz pública en Bogotá en 1911 y, para la caída del conservatismo en 1930, ya ambos habían librado resonantes batallas en defensa de sus ideales sin que el gobierno conservador hubiese siquiera intentado interferir sus derechos democráticos o puesto trabas para obstaculizar su merecido fortalecimiento económico.

EL SIGLO

La historia de EL SIGLO y los permanentes hostigamientos que hubo de sufrir durante el Gobierno liberal, así como la persecución desatada contra su director y sus redactores, es muestra evidente del tratamiento que la República Liberal dio a la prensa conservadora y a quienes la escribían.

Recordemos que el 9 de febrero de 1944 fue arrestado el doctor Laureano Gómez, director del periódico y jefe del partido. Y que el 10 de julio del mismo año la policía atacó e invadió las edificaciones de EL SIGLO y saqueó los archivos del periódico y el apartamento del doctor Laureano Gómez, y suspendió la circulación del diario durante un mes con fundamento en una simple y arbitraria determinación policiva. Dos días después, el 12 de julio, fueron detenidos los redactores Emilia Pardo Umaña, Guillermo Camacho Montoya y Jaime Uribe Holguín, y el 13 del mismo mes fue apresado el jefe de redacción doctor Francisco Plata Bermúdez, quien posteriormente tuvo que expatriarse al Ecuador en compañía de Uribe Holguín. Para entonces el doctor Laureano Gómez bajo el amparo de la bandera del Brasil hubo de marchar al destierro, quedando al cuidado del ultrajado diario el doctor Alvaro Gómez Hurtado, que para entonces tenía 25 años de edad.

Tuvo en tal tiempo que soportar EL SIGLO la más tenaz y opresora censura a que se pudiese someter periódico alguno, la cual era aupada directamente por el propio ministro de Gobierno y sus colaboradores más inmediatos, y bien celebrada por los áulicos del régimen.

Para que se tenga una idea aproximada de los rigores de aquella censura, véase la trascripción textual de algunos apartes de la circular que a EL SIGLO envió el ministerio de Gobierno el día 5 de agosto de 1944, en donde el Gobierno precisa las normas a que debía someterse el diario. Dice así ese escrito en lo pertinente:

“Todo el material del periódico -informaciones, comentarios, avisos, dibujos, etc.- deberá ser sometido a la censura en sus originales… Cada página matrizada deberá ser sometida nuevamente al censor y autorizada por él, antes de ser fundida… Una vez impreso el periódico, uno de sus originales será leído nuevamente por el censor, quien le dará una última revisión… La edición no podrá salir a la calle sino con orden escrita del censor, una vez practicada la última revisión de que ya se habló…No se permitirá la salida del periódico con espacios en blanco, ni con editoriales ni comentarios que a ello equivalgan por los temas en ellos tratados, ni con ninguna característica que la haga aparecer como víctima de los rigores de la censura”.

Y para garantizar el acatamiento de semejantes determinaciones, el Gobierno escogía a los más afiebrados servidores del partido liberal, quienes por su cuenta, se encargaban de apretar más las clavijas exagerando la nota hasta el máximo. Por ejemplo: para hacer cumplir la circular comentada (en una de las dos ocasiones en que EL SIGLO soportó censura en la República Liberal), el Gobierno designó como censor de EL SIGLO al señor Jaime Soto, quien hacía sus primeras pinitos como periodista y empezaba a destacarse como “gran liberal”. El desempeño del señor Soto en su oficio fue de una meticulosidad digna de mejor causa: no permitía comentarios políticos de ninguna especie, así fuesen indirectos; no dejaba publicar las noticias extranjeras que remotamente pudiesen tener similitud con la situación nacional; en las columnas editoriales no permitía dejar espacios en blanco, ni escribir allí sobre temas anodinos; prohibió la publicación de los precios de las acciones de la bolsa y suprimió los crucigramas y secciones semejantes porque estimaba que por ese medio se podían impartir consignas subversivas y, en ocasiones, prohibió la publicación de fotografías de los jefes conservadores. [1]

Las ediciones del periódico se demoraban deliberadamente con el fin de que perdieran los correos y la policía impedía la circulación hasta tanto todo su contenido fuera leído detenidamente y autorizado por los censores, material que muchas veces era consultado directamente con el Ministerio de Gobierno. Hubo días en que se escribieron para el EL SIGLO ocho editoriales en procura de la aprobación de los implacables censores. Y los originales de los editoriales decomisados eran la jocosa comidilla de las tertulias liberales donde se exhibían como trofeos por quienes desempeñaban el oficio de censores. [2]

El periodismo nacional

Si dura y difícil fue la República Liberal para EL SIGLO, su director y el personal que lo servía, no menos escabrosa fue la suerte de los órganos informativos del conservatismo en toda la Nación. Que nos falta por relatar que a más de la garra de hierro con que los funcionarios del régimen trataban a los periódicos conservadores, se ejerció contra ellos un asfixiante y opresivo control sobre el papel de que podían disponer para sus ediciones, puesto que habrá de recordarse que con ocasión de la Segunda Guerra el papel de impresión quedó bajo riguroso control del Gobierno.

Como antes dijimos que una especialísima característica de la República Liberal fue la persecución a los órganos de expresión del pensamiento, y como ya recordamos las peripecias a que se sometió a EL SIGLO, veamos a continuación algunas aventuras que tocó padecer a la prensa conservadora cuando en Colombia imperaba la Hegemonía Liberal.

Año 1931:
fue incendiada, saqueada y destruída “La Defensa”, de Málaga, y asesinado el empleado que la cuidaba al momento del ataque.
Año 1932:
fue asaltada y destruída la imprenta del diario “ La Opinión”, de Tunja, dirigido por el doctor Alfonso Márquez Páez. Como los ataques continuaron, fue necesario construir un túnel entre la redacción y la sala de máquinas, a fin de mantener éstas ocultas a los asaltantes.
Año 1933:
en el mes de octubre fue asaltado, dinamitado e incendiado “El Deber”, de Bucaramanga. Ese mismo día las turbas liberales destruyeron e incendiaron la imprenta de “La Hojita Parroquial” y “La Imprenta Católica” de Bucaramanga.
Año 1934:
fue atacado y parcialmente destruído el “Diario del Pacífico”, de Cali.
Año 1935:
fue asaltado y parcialmente destruído “El Cruzado” de Tunja. Fue asaltada, incendiada y destruída “La Patria”, de Manizales; los atacantes eran miembros de la policía departamental y entre las ruinas se encontraron armas e insignias de la policía de Caldas. En el Cauca fue asaltada y destruida la “Imprenta Caucana”, de Popayán, donde se editaba el periódico “La Razón” del señor Arcesio López Narváez; un juez declaró responsable de ese delito al Directorio Liberal del Cauca. Durante ese mismo año fue destruída la “Tipografía Comercial”, de Popayán, donde se editaba el diario “Adelante” del Directorio Conservador del Cauca.
Año 1936:
fue suspendida y multada por el Gobierno “La Voz de Colombia”, en Bogotá. El 8 de agosto fue asaltado e incendiado “El Colombiano”, de Medellín; el periodista José Mejía Mejía, fue herido por las turbas atacantes.
Año 1937:
El diario “ Claridad ”, del maestro Guillermo Valencia fue sancionado por el Gobierno en Popayán. Y también en esa ciudad fue detenido el director de “Satanás “ Gerardo Castillo.
Año 1938:
el 12 de mayo fue destruído e incendiado “El Derecho”, de Pasto; este delito se consumó ante los ojos del propio gobernador del Departamento, señor Max Llorente, quien desde la gobernación, diagonal al periódico, presenció el asalto. En Popayán fue detenido el periodista conservador Arcesio López Narváez. En Cali fue arrestado el periodista y jefe conservador del Valle, doctor Primitivo Crespo.
Año 1944:
el 10 de julio, por segunda vez fue destruido e incendiado “El Derecho”, de Pasto.
Año 1946:
el 6 de mayo fue incendiado y destruido, por segunda vez, “El Deber”, de Bucaramanga. El mismo día fue también incendiado y destruído “El Frente”, de Cúcuta

El 9 de abril

Aunque -por estar dentro del ciclo histórico que nos proponemos comentar- al 9 de abril de 1948 nos tendremos que referir en posterior oportunidad, vale la pena rememorar esa fecha en relación con su significado para los periódicos conservadores, puesto que durante las pocas horas de ese luctuoso día en que el liberalismo mantuvo su predominio en el país, sus adherentes volvieron a las andadas y las emprendieron contra la prensa conservadora con los siguientes resultados:

En Bogotá
EL SIGLO, fue incendiado, saqueado y totalmente destruído
En Medellín
“El Colombiano” fue asaltado, e incendiada y completamente destruída “La Defensa”
En Cali
El “Diario del Pacífico” fue asaltado
En Ibagué
Fue incendiado y completamente destruído “El Derecho”, y atacada y parcialmente destruida la “La Imprenta Liberti”
En Armenia
Fue asesinado por las turbas el director del semanario conservador “Lucha”, Pedro González Londoño
En San Gil, Santander
Fue destruído el periódico “Bronce” del jefe conservador José Agustín Noriega
En Cartagena
Fue incendiado y destruído “El Fígaro”
En Barranquilla
Fue incendiada “La Prensa” y destruidas las Emisoras Unidas.
Fuente:EL SIGLO, domingo 18 de diciembre de 1977

[1]Fuente: editoriales de EL SIGLO de julio 31 y septiembre 14 de 1950, escritos por quien personalmente padeció la insolente persecución de los censores liberales de 1944.
[2]Fuente: ibidem