La Historia del Partido Conservador Colombiano

Rojas Pinilla Como Hecho Histórico

La irrupción del señor Gustavo Rojas Pinilla, en la vida política nacional, constituye un sin par fenómeno histórico. En el breve lapso de cinco años, pasó de ser un soldado sin notoriedad especial a jefe del Estado; y no uno como tantos, sino alguien ante quien se inclinaron reverentes muy severas testas, y abrumaron de elogios y zalamas encumbradísimos jefes de nuestros partidos.

Sin que Rojas Pinilla, fuese poseedor de una personalidad con coloridos especiales -en donde más bien el tono gris predominaba-, una serie de circunstancias ajenas a él mismo lo encontraron en su sitio, y sólo por estar allí hacia él fluyeron, más por efecto de una natural y pasiva acción de vasos comunicantes que por actitudes ingeniosas o conquistas laboriosamente buscadas. No se falta a la verdad si se afirma que el general Rojas Pinilla, cabalgó en ancas de la historia.

Figuración nacional

El país escuchó por primera vez el nombre del señor Rojas Pinilla, a raíz de los desórdenes del 9 de abril de 1948, cuando en cumplimiento de sus normales deberes como Comandante de la Tercera Brigada, acantonada en Cali, sofocó la subversión, restituyó la autoridad y encarceló a los integrantes de las juntas revolucionarias que en muchas ciudades del departamento del Valle se habían constituído en Gobierno.

Seguidamente ocurrió un acontecimiento que le daría figuración nacional. Pasó que después del 9 de abril, fue designado para la gobernación del Valle el doctor Francisco Eladio Ramírez, un jefe liberal de muchas campanillas y algunos visos caciquiles, quien durante su gestión administrativa tuvo insignificantes roces personales con el entonces general Rojas Pinilla, militar que ya recibía atención preferente del Presidente de la República, a causa de su acertada actuación del 9 de abril. A menos de un año de su posesión, salió de la Gobernación, el discutido doctor Ramírez y su partido lo designó Jefe de Debate para las elecciones que se avecinaban, y en cumplimiento de la campaña le dio por atacar con acerbía tanto al gobierno departamental, como al nacional, y el comandante de la Brigada, por razones de orden público, le impidió seguir hablando en ese tono, para lo cual se fundamentó en un decreto dictado meses antes por el propio doctor Ramírez. Norma que prohibía esas conductas cuando los dislates fuesen “infundados e improbables”.

La prensa liberal se fue lanza en ristre contra el coronel Rojas Pinilla y de igual manera procedieron las directivas de ese partido. Y cuando el 21 de mayo de 1949 el liberalismo rompió la Unión Nacional, en la extensa carta de renuncia, y en la última de sus ocho exigencias, incluyeron los dimitentes el siguiente punto: “Que el comandante de la tercera Brigada fuera exonerado de su cargo, por haber atentado gravemente contra la libertad de palabra”. Henos aquí -por este único hecho-, en presencia del oficial del ejército nacional, más destacado. Por la injusticia de los ataques y como reacción obvia, sobre Rojas Pinilla, se volcó el respaldo del Gobierno, se le miró con entusiasmo por los conservadores y se suscitó en su favor de un unánime sentimiento militar de solidaridad profesional. Algo así como un desagravio, a finales del año 1949 el general Rojas Pinilla fue nombrado por el Presidente Ospina Pérez, ministro de Correos y Telégrafos.

Lealtades desleales

Cuando sobrevino el cambio de Gobierno y entró a desempeñar la Presidencia de la República el doctor Laureano Gómez, ya el general Rojas Pinilla era el hombre más descollante del ejército y pasó a ocupar el Comando General de las Fuerzas Armadas. Para entonces se comenzó a hablar entre la gente de armas de “leales”, para designar a quienes eran sus amigos incondicionales, y “desleales,” para calificar a los oficiales que estimaban que su juramento de fidelidad a las instituciones los obligaba con la Constitución y las leyes de la República, y no con la persona del general, que los comandaba. Recordemos que el Presidente Laureano Gómez ejerció el cargo desde el 7 de agosto de 1950, hasta el 31 de octubre de 1951, fecha a partir de la cual, se retiró por enfermedad. Durante todo este tiempo, el prestigio militar del general Rojas siguió creciendo verticalmente en el interior de los cuarteles, y luego - después de 1952 -, alrededor de su nombre fueron congregándose aquellos políticos que en cualquier oportunidad habían recibido algún fustigazo de Laureano Gómez: conservadores resentidos o heridos y liberales temerosos, se agruparon a la sombra del Comandante General de las Fuerzas Armadas, a quien entregaron su alma a cambio de que les quitase de en medio al enfermo combatiente.

Momentos críticos

En un escrito publicado el 16 de octubre de 1953 en el diario “El Espectador”, y del que es autor el señor Carlos J. Villar Borda, entonces gerente de la United Press de Colombia, se trae la versión del General Rojas Pinilla, sobre lo que ellos llamaron los “tres momento críticos antes del 13 de junio”, y a través de él se palpa el grave desvío que afectó a la disciplina militar.

Por la pluma del señor Villar Borda, dice el general Rojas Pinilla, que el primer roce entre el Presidente Gómez y él, tuvo ocurrencia a principios de 1951, cuando nombrado éste en una delegación para asistir a la posesión del presidente de Guatemala, a Rojas llegaron noticias en el sentido de que se pretendía alejarlo del país. Después de obtener el respaldo del ejército, Rojas reclamó al Gobierno, porque su nombre fue colocado en “sitio que no correspondía a su categoría de general y ex ministro de Estado”. [1].

A poco de producirse el retiro del doctor Laureano Gómez, de la Presidencia, el designado Urdaneta Arbeláez, nombró a Rojas Pinilla como subjefe del Estado Mayor Interamericano, posición que correspondía llenar a Colombia, conforme a convenios internacionales. Otra vez circularon versiones de que se buscaba alejar al general Rojas del país, y cuando se informó por la prensa sobre el viaje de Rojas a Washington “la tropa se acuarteló y los comandantes de las guarniciones adoptaron severas medidas de vigilancia, mientras los comandantes residentes en Bogotá, viajaban a notificar al teniente general Rojas Pinilla, que solo aceptaban órdenes suyas…Que la oficialidad estaba dispuesta a no dejarlo ir”. [2]. No obstante, después de recibir explicaciones de su amigo el presidente Urdaneta Arbeláez, Rojas Pinilla, viajó “para evitar que el Gobierno se cayera.” [3].

El general Rojas Pinilla, cumplió su comisión en los Estados Unidos, sin que nada le pasara a él ni al país. Cuando regresó, en 1952, se reincorporó al Comando General de las Fuerzas Armadas.

En el mes de abril de 1953 el general Rojas, fue escogido por el Gobierno, para presidir una misión a Alemania, y de nuevo circularon los obsesivos rumores de que se le pretendía extrañar de Colombia. Después de grandes vacilaciones optó por viajar. El 17 de abril, día prefijado, marchó al aeropuerto, y en tanto hubo llegado a Techo, conferenció privadamente con varios oficiales que habían acudido a despedirlo e intempestivamente, decidió no viajar y regresó a la ciudad.

“Cuando el teniente general Rojas Pinilla, anunció que no viajaba a Alemania, un gran sector de la oficialidad consideraba que de Techo viajaría al Palacio de la Carrera para asumir el mando. También en esta oportunidad, el 13 de junio había comenzado. La tropa estaba acuartelada, las diversas guarniciones advertidas y los oficiales informaron que sólo recibirían órdenes directas de su comandante general”. [4]

El 22 de mayo de 1953 el general Rojas, en nombre de las Fuerzas Militares, ofreció un banquete al presidente Urdaneta Arbeláez, en la Escuela Militar de Cadetes. En su discurso, Rojas Pinilla ofreció su respaldo al Presidente Urdaneta, “…hasta que la voluntad libre y soberana del pueblo colombiano elija en elecciones puras al ciudadano escogido para sucederos…”, e insinuó que el designado Urdaneta Arbeláez, estaba sometido a presiones por parte del Presidente titular y que la suerte del país estaba en manos del comandante militar. Con posterioridad se supo que para esta fecha el general Rojas ya había notificado a los doctores Urdaneta Arbeláez y Pabón Núñez que él no consentiría que el doctor Laureano Gómez volviese a ocupar la Presidencia. [5]. Mientras se celebraba el banquete, “las tropas estaban acuarteladas, listas para una emergencia.” [6].

La antesala del golpe se cumplió el 11 de junio (dos días antes), en una reunión social, ofrecida en la Escuela de Caballería, con motivo de la despedida a un agregado militar norteamericano. Esa noche, allí se reunió el general Rojas con la alta oficialidad del ejército y por separado conferenció con cada uno. “Todos ellos le manifestaron su lealtad, y le confirmaron que estaban listos para proceder en el momento en que el doctor Gómez tomara posesión.” [7]

Fuente:EL SIGLO, miércoles 7 de junio de 1978

[1]Carlos J. Villar Borda, “El Espectador”, 16 de octubre de 1953, pág. 1ª.
[2]Carlos J. Villar Borda. Ibidem, pág. 5.
[3]Carlos J. Villar Borda, ibidem, pág. 5.
[4]Carlos J. Villar Borda, ibidem, pág. 5.
[5]Fuente: Laureano Gómez, Segundo Mensaje a los colombianos, Barcelona, abril de 1954.
[6]Carlos J. Villar Borda, íbidem, pág. 5.
[7]Carlos J. Villar Borda, íbidem, pág. 5.